

EL DESAFÍO DE PLANIFICAR
El 29 de agosto, en La Haya, Países Bajos, doy un workshop presencial para trabajar tu universo simbólico, tu carta astral, tu diseño humano y traducirlo en un plan de año real, con estructura propia.
Lejos de cualquier fórmula genérica el objetivo de éste encuentro es darte un mapa concreto de cómo funcionas para que puedas planificar desde ahí.
Pero para entender por qué armé este workshop, primero tengo que contarte de dónde vengo.
Durante mucho tiempo planificar me dió pánico. Me costaba muchísimo conectar con la idea de comprometerme con un papel que después la vida se iba a encargar de destruir.
Crecí en un lugar donde las reglas del juego cambiaban cada par de años, Latinoamérica te enseña muchas cosas hermosas, pero también te prepara para las grietas de la inestabilidad de un continente que depende de otros.
Planificar, en ese contexto, parecía una promesa que el entorno se iba a encargar de romper tarde o temprano.
Para los latinoamericanos, eso deja una marca particular en cómo nos relacionamos con el tiempo. Aprendemos a improvisar con una habilidad envidiable, somos buenísimas resolviendo sobre la marcha pero esa misma habilidad, cuando se vuelve el único recurso disponible, nos deja sin la estructura necesaria para que algo crezca de verdad. Se puede sobrevivir improvisando.
Crecer, en cambio, pide estructura y esa es justamente la parte que más cuesta cuando lo único que conociste fue inestabilidad.

Me acerqué a la astrología y al diseño humano sabiendo que otras personas ya habían trabajado con estas herramientas desde lugares muy distintos. Lo que no encontré en ese momento fue a alguien sistematizando ese conocimiento, sacándolo del rincón espiritual donde suele quedar varado sin demasiada aplicación práctica.
Eran y siguen siendo pocas las colegas que tratan estos recursos como lo que para mí siempre fueron, un lenguaje simbólico capaz de dar poder real para transformar la realidad concreta, lejos de cualquier idea de destino cerrado donde no queda nada por hacer. Jung hablaba de individuación como el proceso de acercarse, de a poco, a la propia singularidad, a quien realmente se es, más allá de los moldes heredados.
Cada paso en esa dirección vuelve más auténtica la vida que se construye después.
Así es que durante los años de práctica como coach integrativa, empecé a notar este mismo patrón, una y otra vez, en las personas que llegaban a mis sesiones. Muchas ya habían pasado por la astrología, el diseño humano u otros recursos holísticos, y la experiencia se había quedado corta: terapias integrativas que abrían preguntas hermosas pero las dejaban flotando en un espacio tan sutil, tan poco académico, que después era imposible bajarlas a algo manejable.
Ahí está el problema que busco resolver con Esto No Es Una Agenda, la distancia entre el cielo y la tierra. O mejor dicho, entre lo simbólico y lo material. Entre todo lo que sentimos e intuimos sobre quiénes somos y lo que efectivamente logramos plasmar en la realidad.
Construir una agenda más, de esas que asumen que todas funcionamos igual y que el único problema es la falta de disciplina, no me interesaba. Tampoco quería sumar otro cuaderno espiritual bonito que se queda en la intención y nunca llega a la acción. Lo que buscaba era algo capaz de sostener las dos cosas a la vez, la lectura profunda de quién eres y un lugar concreto donde convertirlo en acción.
Países Bajos hizo este choque todavía más concreto. Aquí la planificación es casi una lengua oficial, agendas compartidas, todo programado con semanas de anticipación, una cultura que gestiona la organización desde un lugar completamente diferente. Lo intenté más de una vez incluso antes de llegar aquí. Y con cada intento confirmaba lo mismo, ponerme ese traje prestado nunca terminaba de sentirse mío. Esto No Es Una Agenda es el puente que me hubiese gustado encontrar entonces un lugar donde planificar puede sentirse propio, sin necesidad de adoptar fórmulas ajenas para lograrlo.
De allí que creo profundamente que más allá del calendario el año empieza cuando lo defines tú. Pero para eso necesitas descubrir tu singularidad, tu individualidad y entender cómo tu estructura funciona, para dejar de aplicar fórmulas genéricas y poder realmente hacerlo a tu manera.
Eso es lo que vamos a hacer juntas el 29 de agosto en La Haya: entenderte mejor, para pasar de lo sutil a lo concreto, y construir desde ahí un plan de año que no le tenga miedo a la inestabilidad, porque la transformaremos en flexibilidad para darle estructura a tu plan.

SOBRE LA CREADORA
Soy Ailu, coach junguiana enfocada en culpa, límites y goce. Trabajo el universo simbólico desde la astrología, el diseño humano, la bioneuroemoción y las constelaciones familiares, siempre detrás de la misma pregunta: por qué hacemos lo que hacemos, y cómo traducir eso en decisiones concretas. Esto No Es Una Agenda nació de unir ese trabajo simbólico con la practicidad que la vida nos demanda.

Además de ser removedor es sanador y Ailu tiene una ternura y amorosidad que te hace sentir en paz.


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